HERRAMIENTA PASTORAL
salud y discapacidad
NOTICIAS
psicologia pastoral
enlaces
teología
psicologia pastoral

Imagen
El consejo pastoral como práctica de sabiduría
Daniel S. Schipani, es Licenciado en Psicología en la Universidad de Buenos Aires, Doctor en Psicología en la Universidad Católica Argentina, y Doctor en Filosofía en Teología Práctica en Princeton Theological Seminary. Actualmente es Profesor de Cuidado y Consejo Pastoral en el Associated Mennonite Biblical Seminary, en Estados Unidos. Es ministro ordenado de la Iglesia Menonita. "
En los últimos años hemos trabajado con una comprensión del consejo (o asesoramiento) (1) pastoral como una práctica de sabiduría que debe estar orientada al crecimiento en sabiduría en el sentido de inteligencia moral y espiritual. En otras palabras, se trata de “sabiduría a la luz de Dios” como una manera de conocer integral o multidimensionalmente, incluyendo los aspectos de discernimiento, hacer las decisiones mejores dentro de las circunstancias personales, familiares y sociales, y vivir bien en comunidad. (2) Consideramos al consejo pastoral como un arte ministerial especial orientado a promover el emerger humano por medio de una forma de acompañamiento de personas, parejas, familias, o pequeños grupos quienes enfrentan desafíos y luchas existenciales particulares, tales como una decisión vocacional o la muerte de un ser amado, respectivamente. Así entendido, el consejo pastoral procura despertar, nutrir, y desarrollar la inteligencia moral y espiritual de las personas.

Cuando la sabiduría (en vez de la “salud mental” (3) así define a su principio guía, el consejo pastoral puede replantearse creativamente. El resultado de tal replanteamiento ilumina las siguientes características del consejo pastoral, aquí presentadas en forma de pistas en el sentido de hipótesis normativas: debe percibirse, practicarse, y enseñarse pastoralmente; debe contextualizarse eclesiológicamente; debe centrarse en Jesucristo como la Sabiduría de Dios; debe fundamentarse en la Escritura; debe percibirse, practicarse y enseñarse como un proceso creativo guiado por el Espíritu; y debe orientarse hacia el reino de Dios. En el resto del ensayo consideraremos, como ejercicio de teología pastoral, cada uno de esas seis características esenciales del consejo pastoral como ministerio de la iglesia. De tal forma responderemos a la pregunta, ¿en qué sentido es el consejo o asesoramiento realmente pastoral?

1. El consejo pastoral debe verse y practicarse pastoralmente

El consejo pastoral debe definirse y practicarse primera y principalmente como parte del ministerio de atención o cuidado pastoral y no como una rama de la psicoterapia o como ejercicio profesional para la salud mental. La teología práctica y la teología pastoral son las disciplinas que proveen el contexto de reflexión crítica y constructiva en torno al consejo pastoral y las que informan su práctica normativamente.

Proponemos por lo tanto que las pastoras y los pastores (4) sean llamados a trabajar como sabios consejeros. Con semejante identidad vocacional habrán de compartir la orientación y el propósito general de todas las formas de ministerio, es decir promover el emerger humano a la luz de Cristo y el reino de Dios. Los pastores deben mantener en mente tal meta fundamental cuando atienden a las personas necesitadas de consejo. Desde allí considerarán los objetivos específicos de cada situación particular, derivados de las necesidades de asesoramiento y asistencia que las personas nos presentan.

Los pastores que hacen consejo pastoral deben ser por cierto competentes en cuanto al uso del lenguaje psicológico y el lenguaje de la fe. Por un lado deben conocer el lenguaje de la psicología y del aconsejamiento y la psicoterapia, incluyendo perspectivas sobre la personalidad y el desarrollo humano, los sistemas familiares, la psicopatología y la psicología clínica, etc. Por otro lado, en tanto consejeros, los pastores deben utilizar bien el lenguaje de la fe y la teología, y ser capaces de hacer “diagnósticos pastorales” y ayudar a las personas a articular su propia espiritualidad. Tales competencias “bilingues” son especialmente necesarias en nuestro tiempo debido al lugar prominente de la psicología y la psicoterapia en la cultura dominante.

Tanto vocacional como ideológicamente, los consejeros pastorales deben autopercibirse principalmente en términos del contexto eclesial y de la vida y el ministerio de la iglesia. Y esto aún cuando no ejerzan directamente en una congregación particular. Además, los consejeros pastorales representan explícitamente la realidad histórica y social de la iglesia, así como la vocación de ésta de llegar a ser un sacramento vivo del reino y de la sabiduría de Dios en medio de la historia., tal como se explica en la sesión que sigue. Por tal motivo, los consejeros pastorales son primeramente responsables ante la iglesia.

2. El consejo pastoral debe contextualizarse eclesiológicamente

Al replantear el consejo pastoral como un ministerio de la iglesia tenemos en cuenta la vocación de ésta de convertirse en un sacramento (5) vivo del reino y de la sabiduría de Dios en medio de la historia y la cultura. Utilizamos el término sacramento intencionalmente, con su triple significado de señal, símbolo, y medio de gracia.. La iglesia está llamada a ser una señal veraz que apunta en la dirección de la plenitud de vida. También está llamada a ser un símbolo que re-presenta fielmente, o que corporiza en su propio seno, la sabiduría de Dios. Y está llamada a ser un medio de gracia fructífero, o sea un instrumento y agente de la sabiduría divina en el mundo. En síntesis, dado su compromiso en el seguimiento de Jesús por los caminos del reino, y su continuo discernimiento en búsqueda de la fidelidad, la iglesia procura convertirse en comunidad de sabiduría por excelencia. Por eso es que percibimos a la iglesia como el foco primario de atención cuidadosa y como contexto y agente primario del cuidado y el consejo pastoral para el pueblo de Dios. Esto tiene, por lo menos, tres implicancias, como se indica a continuación.

Los consejeros pastorales procuran ministrar primordialmente según un paradigma comunal y contextual del cuidado pastoral. (6) Dentro de este marco referencial los modelos clínicos y otros pueden integrarse selectiva y críticamente. En este paradigma, el cuidado pastoral se ve como un ministerio de la comunidad de fe como tal a la luz de su contexto social. El foco de atención es la comunidad sanadora con sus diversos contextos de servicio, en lugar del trabajo de los pastores ordenados. En otras palabras, las dimensiones de guía y orientación, apoyo, reconciliación y sanidad, se ven como función de la iglesia como tal, no sólo para el bienestar de sus miembros sino, especialmente, para el bienestar de la comunidad humana en sentido más amplio.

Como consejeros y teólogos, los pastores reconocen que Dios llama a la iglesia a manifestar la presencia revelatoria y la praxis del reino y de la sabiduría de Dios. Al mismo tiempo, ayudan a la iglesia a discernir la naturaleza de tal llamamiento el que, por otra parte, a su vez los forma. Identifican y describen tal llamado como la vocación de la iglesia de convertirse en una “buena forma” (7) de plenitud humana a la luz del reinado y la sabiduría de Dios. Utilizamos la noción de buena forma incluyendo tanto las connotaciones éticas (moralmente buena) como las estéticas (armoniosa, de forma bella). Por supuesto, tal buena forma siempre consiste en la representación histórica única, contextualizada, del reino y la sabiduría de Dios. La idea es que las comunidades de fe son tan mejores y más bellas en la medida que toman la forma de Cristo.

Es apropiado hablar de artes ministeriales porque todos los tipos de ministerio cristiano tienen que ver con la formación y la transformación humanas, pero cuya culminación, en última instancia, sólo podemos imaginar escatológicamente. Por eso es que los consejeros pastorales deben reconocer las dimensiones éticas y estéticas de la identidad y el carácter de la iglesia como pueblo de Dios del Pacto, cuerpo de Cristo, y templo o morada del Espíritu. Las congregaciones se convierten en contextos de revelación divina en la medida que son comunidades sacramentales veraces, fieles y fructíferas. Así es como, por gracia, proveen reflejos del reino y la sabiduría de Dios.

La formación y transformación de la comunidad de fe resulta ser un interés y una procupación especial para el consejo pastoral. Por lo tanto, un foco primario, aunque ciertamente no exclusivo, del consejo pastoral, es el proceso de formación y transformación de la congregación toda y de cada aspecto de la vida congregacional. Más específicamente, tal interés y preocupación puede expresarse en términos de ciertas preguntas fundamentales: ¿cómo puede la práctica del consejo pastoral contribuir a la adoración del pueblo de Dios? ¿Cómo ayuda a equipar a la iglesia para edificar la familia de Dios en tanto cuerpo de Cristo? ¿Cómo contribuye el consejo pastoral a potenciar a la iglesia, en tanto morada del Espíritu, para participar en la misión divina en el mundo y a favor del mundo?

3. El consejo pastoral debe estar centrado en Jesucristo, Sabiduría de Dios

Si revisualizamos el consejo pastoral como práctica de sabiduría a la luz de Dios, se entiende que afirmamos la centralidad de Cristo en esta práctica ministerial. También se entiende que Cristo se ubica al centro de la reflexión teológico-pastoral, tanto crítica como constructiva, que surge de la práctica y sostiene y evalúa a la práctica de cuidado pastoral. Esta afirmación encierra varias implicancias, como se discute a continuación.

Los pastores consejeros (y los consejeros pastorales, propiamente hablando) procuran guiarse por una visión cristocéntrica de la humanización, es decir de la plenitud humana y de la vida abundante y sabia. Por lo tanto necesitan encontrar conexiones explícitas entre su práctica ministerial y la confesión de que Jesucristo encarna la vida y la sabiduría de Dios y nos revela la voluntad divina para el devenir humano auténtico. Y tal visión cristocéntrica de lo que significa ser humano debe considerarse junto con nociones bien abarcativas de lo que es la salvación y la paz en el sentido más inclusivo del término (shalom). Los consejeros pastorales así integran esas convicciones teológicas fundamentales sobre la obra de Cristo para la recreación de nuestra humanidad.

Los consejeros pastorales se interesan en las expresiones múltiples de fidelidad y crecimiento en la vida definida por la fe o discipulado. Así procuran relacionar esa fidelidad y ese crecimiento a los ámbitos del aconsejamiento y a las agendas ricas y complejas de quienes solicitan nuestro servicio. Hay desde luego innumerables situaciones que requieren aconsejamiento pastoral cuando se enfrentan los desafíos y las luchas de la vida (por ejemplo, decisiones vocacionales, serios conflictos matrimoniales, el dolor y la muerte, o el abuso emocional o sexual). En todas las ocasiones la reflexión teológico-pastoral y la tarea de aconsejamiento deben establecer conexiones significativas entre el problema o foco particular de atención que presentan las personas y la comprensión del crecimiento humano a la luz de la fe cristiana. El crecimiento espiritual se entiende entonces a la luz de la convicción de que “Cristo es poder y sabiduría de Dios…al cual hizo Dios por nosotros sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención…tenemos la mente de Cristo.” (I. Cor. 1:24b, 30b; 2:16b).

En tanto representantes de Cristo, los consejeros pastorales atienden a su propio crecimiento espiritual y procuran practicar su ministerio a la manera de Cristo. Esta clase de aconsejamiento supone entonces varias dimensiones interrelacionadas de identidad y carácter de parte del consejero, incluyendo ciertas maneras de percibir y conocer (visión), de ser y de amar (virtud), y de vivir y trabajar (vocación). Los consejeros pastorales realizan tal representación en medio de esa relación tan especial que define al aconsejamiento como pastoral en el sentido específico del término. En otras palabras, los consejeros pastorales procuran explícitamente establecer una relación de cuidado pastoral en el nombre y en el espíritu de Cristo. Obviamente, se espera que algo similar ocurra en el caso de personas cristianas que trabajan en las ciencias humanas prácticas como lo son la educación y la psicoterapia u otra forma de psicología aplicada. En tales casos esperamos, también, que los profesionales cristianos trabajen “cristianamente” y con un carácter cristiano.(8) La diferencia respecto a los consejeros pastorales, y especialmente los pastores en tanto consejeros, es que todos éstos representan también a la iglesia en forma explícita. Además, representan intencionalmente a Cristo como quien guía y orienta, reconcilia, apoya, y sana a los necesitados de la Gracia en medio de sus desafíos y luchas existenciales.

4. El consejo pastoral debe fundamentarse en la Escritura

La fundamentación e inspiración bíblica del consejo pastoral debe reflejarse y expresarse de varias maneras interrelacionadas, incluyendo las cuatro que destacamos en los próximos párrafos. Tomados en conjunto, estos principios nos ayudan a definir lo que significa aconsejar bíblicamente como un rasgo esencial del consejo pastoral.

Los pastores consejeros trabajan con un marco y una perspectiva de la sabiduría presentada en la Escritura como una manera especial de hacer teología. (9) Este marco referencial está en armonía con la afirmación de que la Escritura revela en forma veraz y confiable la naturaleza y el destino humanos, con una visión de la vida plena, cuando se la interpreta en armonía con Jesucristo, la Palabra encarnada, Sabiduría de Dios, según la guía del Espíritu y en medio de una comunidad que busca y discierne la voluntad divina. Tal marco referencial y perspectiva determina decisivamente nuestra visión de la realidad, del conocer y de la verdad; de la formación y la transformación; de la naturaleza del bien, y de la plenitud humana, y del diario vivir con sabiduría para amar y trabajar.

El consejo pastoral—en forma análoga a la predicación y la enseñanza—incluye la consideración debida a las narrativas, enseñanzas, poesía, profecía, y otros materiales bíblicos, en la medida que tales variaciones de la Palabra escrita iluminan y responden a las necesidades de orientación en medio de los desafíos y las luchas de la vida. Podríamos de hecho identificar varias posibilidades de aplicación (10) Sin embargo, la Biblia no se considera meramente como un instrumento útil para el consejo pastoral, sino como que contribuye en forma decisiva a definir las metas, los procesos, y el contenido mismo de este ministerio. Por lo tanto, los consejeros pastorales afirman el poder de la Escritura como agente de revelación e iluminación y cambio. Simultáneamente, han de permanecer concientes de las situaciones específicas que abordan en la consejería y ser sensibles a las necesidades particulars y el potencial único de crecimiento de quienes necesitan su servicio. De todas maneras, la Biblia no debe conformarse a las metas de la consejería o la psicoterapia, sino al revés. Toda teoría y enfoque psicológico o psicoterapéutico utilizado en el aconsejamiento pastoral debe ser consistente con el poder de la Escritura de revelar sabiduría a la luz de Dios. Este principio supone la afirmación de que la Biblia es el texto de la iglesia por excelencia.

Los consejeros pastorales prestan especial atención a un proceso hermenéutico único cuya meta es el discernimiento sabio, la toma de decisiones sabias, y el sabio diario vivir (11). Reconocen que el proceso del aconsejamiento, visto como un encuentro dinámico con esos documentos vivos que son las narrativas de la vida de las personas a quienes sirven, incluye una estructura inductiva análoga a la lectura del texto bíblico en términos de ver, juzgar, y actuar. Reconocen además que el proceso de aconsejamiento incluye una forma especial de circulación hermenéutica que involucra no sólo la agenda personal de las personas en el contexto de sus familias y de sus realidades sociales, sino también la agenda del reino de Dios en diálogo con las de la iglesia y la sociedad. Así orientado, el consejo pastoral rechaza todo uso literalista, fundamentalista y racionalista de la Biblia. Al contrario, los consejeros pastorales procuran conducir una conversación multidimensional que parte de las historias y visiones personales y familiares de las personas a quienes se sirve en medio de sus situaciones sociales y a partir de sus desafíos y luchas existenciales. Junto con la comprensión necesaria basada en las contribuciones de las ciencias humanas (especialmente la psicología incluyendo, claro está, determinadas destrezas clínicas) esa “conversación” incluye las perspectivas teológico-pastorales enraizadas en las historia viva del pueblo de Dios y en la visión esperanzada de su reino. En síntesis, se trata del tipo de proceso que es práctico y teológico a la misma vez, es decir, una forma de hacer teología práctica.

Puede decirse que en la sesión de consejo pastoral estamos llamados a jugar un rol análogo al de los maestros, predicadores, y directores espirituales: debemos actuar como intermediarios dignos y llenos de gracia en medio de la interacción del consejo de Dios con las personas aconsejadas. “Consejo de Dios” aquí no significa meramente consejo piadoso, instrucción, y “palabras de sabiduría” (aunque a menudo el consejo pastoral debe incluir asesoramiento, instrucción, y dar palabra de sabiduría). Más bien, la expresión “consejo de Dios” se entiende aquí en el sentido de la realidad de la presencia, la gracia y el poder divinos que resulta accesible a los participantes (12). Por lo tanto, a la luz de semejante privilegio y responsabilidad, los consejeros pastorales procuran nutrir su propia espiritualidad y crecer en sus maneras de ver y conocer, amar y vivir y trabajar, a partir de un sólido basamento bíblico. O sea que su propio peregrinar por los caminos de la fe y el reino de Dios, su propio diario vivir en la senda de la sabiduría, también debe fundamentarse en la Escritura.

5. El consejo pastoral debe practicarse como proceso (re)creativo bajo la guía del Espíritu

La sabiduría a la luz de Dios es una dádiva que podemos recibir y compartir (e incluso mediatizar) por virtud de la gracia divina. Replanteado en términos de camino de sabiduría, el consejo pastoral reta a los teólogos y consejeros pastorales a que consideren buscar, discernir, y apropiar señales y expresiones auténticas de sabiduría. La exploración interdisciplinaria nos conduce a percibir el proceso de aconsejamiento primeramente como una versión muy especial del proceso creativo incluyendo sus dimensiones de recreación, sanidad y liberación. Conducido por el Espíritu Santo, este proceso debe reinterpretarse teológicamente y adoptarse en forma práctica en el ministerio cristiano (13) Se desprenden dos principios adicionales.

Los consejeros pastorales procuran participar en la praxis trinitaria divina que incluye las dimensiones de nutrir, guiar, y sostener; liberar reconciliar, y sanar; y renovar, capacitar y potenciar. Lo hacen en cuanto ejercen un cuidadoso discernimiento espiritual y reflexión teológica en el contexto del consejo pastoral, junto con la labor de aconsejamiento propiamente dicha en contextos ministeriales específicos. De manera consciente y en actitud de oración, los consejeros pastorales procuran la inspiración, el sostén, y la dirección del Espíritu de Dios. Además, conciben su ministerio de sabios consejeros como una labor de compañeros de trabajo, o colaboradores, del Espíritu. En otras palabras, reconocen que no tienen en sí mismos la capacidad para impartir crecimiento en cuanto al sabio vivir y al emerger humano a la luz de Cristo, pues sólo Dios concede sanidad y crecimiento, como Pablo les recordara a los corintios (I. Cor 3:7b). Sin embargo, también reconocen que, precisamente en su rol de consejeros tienen una oportunidad muy particular de promover tal crecimiento mientras acompañan a las personas de maneras conducentes a la colaboración con el Espíritu, es decir con iniciativa compasiva, hospitalidad inclusiva, capacitación y potenciación sensible, y una invitación generosa a la comunión y a la vida en comunidad. Es así como pueden aconsejar en sintonía con el Consejero y Abogado divino (Paracleto) quien nos recuerda el camino de Jesús y nos conduce a toda verdad (Juan 14:26; 16:13).

El consejo pastoral debe percibirse, practicarse, y enseñarse como siendo fundamentalmente análogo a otras prácticas ministeriales tales como la enseñanza, la predicación, y la dirección espiritual. A la luz de este principio es como discernimos que existe una continuidad estructural entre las diversos artes ministeriales. Tales artes ministeriales tienen mucho en común porque todas comparten un patrón básico que resulta ser indispensable para estimular aprendizajes, convicción, formación, y transformación. La dinámica de colaboración con el Espíritu de Dios incluye las siguientes dimensiones y movimientos que definen tal patrón y diseño común: (1) un compromiso de acompañamiento y disposición a colaborar que posibilita la creación de espacios seguros y contextos de rapport dentro de los cuales podemos ejercer ministerios de discipulado y cuidado mutuo; (2) invitación a las personas a que compartan sus historias y sus visiones; (3) reflexión y discernimiento, incluyendo la ponderación de posibles resoluciones y que da lugar a la obra de la imaginación; (4) acceso explícito a los recursos de la comunidad sanadora; (5) movimiento de apropiación, que invita a comprender, juzgar, y hacer decisiones a la luz de (2), (3) y (4); y (6) compromiso de acción, incluyendo la orientación para implementar las decisiones y elecciones realizadas en colaboración, con la expectativa de responsabilidades compartidas a la luz del propósito de vivir sabiamente.

6. El consejo pastoral debe orientarse hacia el reino de Dios

El símbolo del reino apunta a la visión y la promesa de una nueva creación y una nueva humanidad en libertad, justicia, paz, bienestar, y plenitud de vida, primordialmente como dádiva divina que, aunque parcialmente presente ya, se realizará en última instancia escatológicamente, más allá de la historia. Los consejeros pastorales procuran instrumentar la convicción de que el contexto definitivo, o último, de la sabiduría--incluyendo la sabiduría para discernir bien, y operativa en el proceso mismo de discernir, guiar, crecer, reconciliar, sanar, liberar, y vivir en plenitud humana—es la cultura del reino de Dios. Postulamos que participar en tal cultura requiere, pero al mismo tiempo posibilita, el diario vivir sabiamente a la luz de Dios. La afirmación de los fundamentos bíblicos y teológicos que hemos propuesto, especialmente cuando relacionamos directamente las dos nociones bíblicas claves--reino de Dios y sabiduría divina--sugiere a su vez la presentación de dos principios adicionales para todo consejero pastoral que ministra en el espíritu de la cultura del reino.

Los consejeros pastorales permanecen concientes de que su labor ministerial siempre ocurre dentro del contexto sociocultural de la iglesia y de la realidad social en que ésta está inmersa. Postulan que el reino es de hecho una realidad sociopolítica y cultural, una manera de vivir que puede manifestarse en cualquier cultura histórica. Además, postulan que el reino de Dios puede adaptar y también corregir otras formas culturales existentes (incluyendo, desde luego, ¡las de la propia iglesia!): las relaciones, lo sistemas, las prácticas, las dinámicas de poder, los valores, las creencias, y los ideales pueden confrontarse, afirmarse, y transformarse a la luz de la sabiduría de Dios. La triple declaración de que Jesús es el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:6) evoca tres componentes del reino que sirven al consejero pastoral a manera de marco referencial y de horizonte: (a) el discernimiento que produce sentido y significado disponible para las personas que necesitan el consejo pastoral (o sea, el camino que Jesús vino a ser y a compartir); (b) una justicia encarnada en la fidelidad y las estructuras morales del pueblo de Dios (o sea, la verdad, que Jesús vino a ser y a crear) ; y (c) un sentido de identidad comunicado por medio de una historia en la que cada persona participa, con la esperanza que nos compele a valorar la vida y amar la comunidad (o sea, la vida que Jesús vino a ser y a ofrecer). (14)

Los consejeros pastorales están llamados a ser agentes éticos de la cultura del reino de Dios. Su práctica ministerial es a la manera de cartógrafos y guías personales hacia una cultura mejor (15). De acuerdo con su lealtad primaria y sus compromisos normativos, procuran dar consideración específica a las dimensiones éticas de su ministerio. Tales dimensiones incluyen no solamente la ética profesional en sentido restringido, y los valores personales y normas de conducta, sino también la pertinencia comunal y sociopolítica de su ministerio como sabios consejeros.

Finalmente, el reino que viene puede manifestarse en diferentes formas y a diferentes niveles. Como “cultura ética” la historia y la visión del reino de Dios proveen la narrativa y el contexto visional para el consejero pastoral en tanto agente ético. El reino es esa historia y visión materializada en formaciones culturales creativas y liberadoras. Tal cultura del reino resulta indispensable porque incluye una perspectiva crítica sobre las culturas dominantes y las sabidurías menores (meramente pragmáticas y convencionales) de nuestro mundo cada vez más globalizado. La iglesia, por su parte, está llamada a ser una comunidad de sabiduría y sacramento del reino en medio de sus prácticas y reflexiones sobre lo que significa y lo que implica ser humanos en el siglo veintiuno. Las personas y las familias están invitadas a compartir la vida a la luz de la sabiduría y el reino de Dios. Y el carácter personal del sabio consejero, por su parte, ha de estar moldeados por las prácticas, las narrativas, y el discernimiento, de la comunidad de fe.

Es a la luz del marco teológico-pastoral que hemos esbozado con las seis pistas normativas como proponemos abordar las innumerables situaciones que requieren consejo pastoral.

http://www.psicologia-pastoral.com.ar/psicologia_pastoral.php?subaction=showfull&id=1193920828&archive=&start_from=&ucat=5


La depresiòn como realidad social
Claudio Cruces
imagen
Quisiera comenzar este trabajo sobre la depresión citando a dos poemas
argentinos profundamente depresivos: El rock de Fito Páez cuenta la historia de
un amigo tan depresivo que acabó en el suicidio; Almafuerte, por su parte, fue
un depresivo alcohólico que necesitaba tomar para escribir:

Excepto la de la imaginación
Había perdido todas las batallas

Un domingo sin fútbol nos contó

Vencido, que tiraba la toalla

Y nadie le creyó


Pero esa vez no iba de farol

Y aquella tarde se afanó una cuerda

Y en vez de elevar una oración

Mandó el mundo a la m...

Y de un palo borracho se colgó


Parece que fue ayer cuando se fue

Al pago que está atrás de las estrellas

La muerte que es celosa y es mujer

Se encaprichó con él

Y lo llevó a dormir siempre con ella

Fito Páez


Hasta los lobos reposan tranquilos entre lobos
Pero tú, no te confíes al sueño

Ni sobre el pecho de tu propio hijo:

¡Nada te ama! (1)


Pedro Palacios (Almafuerte)



Siempre supuse que un enfermo (de depresión o de cualquier otra enfermedad) es
la manifestación visible de todo un entorno. Como el futbolista que lleva el
balón y todos lo ven a él aunque en realidad hay todo un equipo de 10 jugadores
más que logran que él se destaque.

O como el bandoneonista de una orquesta de tango que está haciendo un solo
instrumental, pero que es parte de una orquesta.

Pichón Riviere pensaba que cuando en un grupo familiar se alojaba una enfermedad
mental, esto sucedía porque el resto de la familia había robado la salud al que
se prestaba como enfermo. Por lo tanto era necesario el abordaje del grupo
familiar para "barajar y dar de nuevo". Solía decir al abrir la puerta, cuando
citaba a una familia al consultorio, "que pase el que pueda" (2)
<!--[if !supportLineBreakNewLine]-->
<!--[endif]-->

El Programa de Investigación de Neurociencias, organismo perteneciente al
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, afirmó que el 13% de los porteños sufre
algún trastorno de ansiedad, angustia o depresión y que estos aumentan por la
competitividad, la violencia y las tensiones de la vida diaria (3)
<!--[if !supportLineBreakNewLine]-->
<!--[endif]-->

Así, el enfermo depresivo, es parte de una orquesta, se lo considera enfermo a
él porque es el que en este momento está haciendo su "solo", pero hay toda una
orquesta de enfermos en su entorno que permiten que en él se haga visible la
enfermedad.

En otras palabras: es cierto que el hombre es un ser físico, mental y
espiritual. Y que cada una de estas áreas influyen sobre la otra al punto de que
un enfermo depresivo puede somatizar en diferentes enfermedades. Pero también es
cierto, y no deberíamos olvidarlo, que el hombre es un ser social y que este ser
social influye, como es lógico suponer en su vida física, mental y espiritual.

Este concepto está implícito en el concepto de "Imago Dei". Dios hizo al hombre
a "su imagen"... "Varón y hembra los hizo". O sea que el hombre nunca fue imagen
de Dios en soledad. Somos imagen de Dios en interrelación no sólo de pareja sino
social.

Vivimos en un sistema que tiene como parte de sus objetivos despojar al hombre
de sus características humanas. La "cosificación" del hombre, el hacerlo un
elemento de consumo, el hecho de que su trabajo sea el elemento más barato del
mercado, llevan al hombre por el camino de la depresión. El "Homo Consumus", es
un animal que está por debajo del hombre creado por Dios a Su imagen y
semejanza. Y, por supuesto, cuando el hombre no cumple con las funciones que le
fueron otorgadas por su creador, sufre los daños naturales de su alienación.

El hombre no es hombre fuera de un contexto social. Entonces no estaría mal
decir que es un ser físico, mental, espiritual y social. Hay enfermedades
físicas que son somatizaciones de un problema mental; hay enfermedades sociales
que son la manifestación de un problema mental. Debe haber, como es lógico
deducir, enfermedades físicas o mentales que derivan de influencias sociales.


Ortega y Gasset nos dice que


Vivir es tratar con el mundo (4)


Y también:


Por lo pronto somos aquello que nuestro mundo nos invita a ser (5)


Erich Fromm, en "El miedo a la libertad", demuestra claramente como diversas
enfermedades sociales como el fascismo y el autoritarismo, surgen de realidades
psicológicas vividas por el pueblo alemán de esos días. (6)

Sin tener datos a mano, no es difícil suponer que en la sociedad contemporánea
existe más depresión y angustia que en la cómoda y estructurada sociedad
pre–capitalista. Tal vez esto sea un indicador de cómo la realidad social
interviene e influye directamente en determinadas enfermedades mentales.

En conclusión: vivimos en una sociedad enferma que sin duda influye en la salud
mental de cada individuo. Existe sin duda una retroalimentación que la potencia
haciéndola un círculo vicioso: nos enfermamos, y en esa enfermedad influye la
sociedad, y a la sociedad la enfermamos nosotros que vamos enfermos hacia ella.
Así, el espiral crece y agranda la dolencia de ambos (la sociedad y el
individuo).

La cultura de la deshumanización
La globalización capitalista impuso al mundo un sistema de exclusión social
junto a la cultura del pensamiento único.

Esta realidad produjo el desarraigo de miles de personas desde la periferia al
centro en busca de mejores condiciones laborales. La respuesta de las naciones
centrales ha sido la xenofobia, el racismo y la discriminación. El neofascismo
en Italia, el neonazismo alemán, el creciente racismo en EEUU son la punta del
iceberg de una patología de exclusión.

El hombre ha llegado a ser un elemento alienado de su hogar, su cultura, su
niñez; carne de cañón para cualquier enfermedad..

El Rabino Daniel Goldman comenta la ideología nazi y dice que, como cualquier
ideología funcional, tiene como objetivo quitarle entidad a la vida y despojar
al hombre de su característica humana.

Una arista de esta doctrina se traduce enteramente en las lecciones que recibían
los integrantes de la juventud hitlerista, cuando se le instruía informándoles
que un ser humano contiene suficiente cantidad de grasa como para fabricar siete
panes de jabón. Bastante hierro como para fundir un cuchillo de tamaño medio,
tanto fósforo como para completar dos mil cabezas de cerillas y la proporción
necesaria del sulfuro como para aniquilar a otra persona en un instante. (7)
<!--[if !supportLineBreakNewLine]-->
<!--[endif]-->

Sería inocente suponer que este pensamiento utilitario del hombre quedó con el
nazismo, es obvio que el capitalismo actual trata al hombre de manera similar,
el hombre no es imagen de Dios, sino imagen del mercado, la mercadería más
barata de consumir. ¿Cómo puede este pensamiento no influir en la psiquis del
hombre medio?

Arte y salud


El arte es sin duda la forma que toda cultura encontró de sublimar sus
problemas. El arte existe porque existe la muerte, el dolor, la angustia o la
depresión. El tango, por ejemplo, es una muestra del "folklore de la nostalgia".
Sólo con el tango, toda una generación de inmigrantes pudo soportar la angustia
de lo perdido, de lo que habían dejado a miles de kilómetros y tal vez jamás
volverían a ver. Sólo el tango podía acompañar la desilusión de aquel que vino a
"hacer la América" y terminó hacinado en un conventillo de La Boca.

El arte tiene que ver con el dolor, lo incomprensible. Tiene que ver con
sensaciones, con lo que el hombre siente en un momento histórico, no con la
razón. La razón siempre nos arma de respuestas a nuestros interrogantes, pero
también nos da una última pregunta incontestable. El arte es integrador, no deja
preguntas.

¿Pero cómo puede un arte como el tango, profundamente depresivo, ayudar a un
depresivo?

Mi hija Malena, cuando tenía seis años, ponía en la televisión películas de
terror... y se angustiaba, decía: Ay papito, y yo le decía ¿te lo apago? Y ella
me decía: No papito...

Porque necesitaba, a través de lo mas o menos estético que pueda verse en su
televisor, poder controlar sus pesadillas. (8)

Tal vez allí esté el secreto del arte. Hacer estético el dolor y permitir
sacarlo afuera. Como la ley de los similares que predicaba Hipócrates.

Vale aclarar que cuando hablamos de arte, estamos haciendo mención no al
profesionalismo que hoy lo rodea, sino al hecho colectivo del arte popular; a
aquello que hace vincular al hombre con el cosmos, no por medio de la razón sino
por los sentidos.

Para sentirse a gusto en el mundo, el hombre debe percibir no sólo con la
cabeza, sino con todo sus sentidos, con los ojos y los oídos, con todo su
cuerpo. Debe realizar con su cuerpo lo que piensa con su cerebro. El cuerpo y el
alma no pueden estar separados en éste, ni en ningún otro aspecto. (9)

Pero no sólo la música; una obra de teatro, hace que una escena angustiosa
adquiera sentido al mismo tiempo que le da un sentido estético; inventa formas
nuevas de belleza y de acceso a la verdad.

La creación en el psiquiátrico porteño "Borda" de un taller de artistas, muestra
a las claras, no sólo la necesidad del arte como agente de salud, sino la
necesidad de "desmanicomializar". Foucault comparaba los manicomios con las
cárceles, y para él ninguna de las dos debieran existir. ¿Por qué? No hay que
ser un entendido para darse cuenta que los manicomios actuales sólo sirven para
amontonar gente que sobra en la sociedad y todo el que no produce, sobra.

El frente de artistas del Borda, no sólo produce arte (y muy bueno) desde 1984,
sino que ese arte se lleva a la calle generando un vínculo con la sociedad,
relacionando al artista con gente "de afuera", haciéndolo sentir útil a su
sociedad. Una de las artistas comentó en el programa de radio "La Colifata"
(dirigida por enfermos del frente de artistas del Borda):

Sentí que recuperaba la dignidad como ser humano.

Salí a la calle, hice lo que me gustaba hacer, charlé con gente.. (10)

Sin duda, la manifestación artística puede ayudar al depresivo a salir del
ostracismo que su enfermedad le ha provocado al vincularse con un mundo que le
era ajeno, a poder sentir lo que la razón le había negado.

Integrar al enfermo de depresión en un grupo de arte es darle la posibilidad de
tener un nuevo idioma con que expresarse. Una herramienta supralingüística que
crea vínculos con otros que sienten lo mismo y los ayuda a salir de su entorno
de ostracismo y negatividad.

Conclusión:

Esta fue siempre la parte que menos me gusta, decir "conclusión" es echar
cerrojos sobre algo y realmente me parece un tanto soberbio. Es que en realidad
el tema aún no comienza y yo ya lo quiero concluir. Pero en fin, digámoslo así:
aquí no concluye el tema, sino sólo mi pequeño aporte al mismo, me encantaría
saber la opinión de cada uno que haya leído estas líneas.

Escuché un día del profesor Jorge León una frase que cayó sobre mi como un
garrote que abrió mi cabeza: La Iglesia es una comunidad terapéutica, dijo. Si
es así, la misión de la iglesia va mucho más allá de la que yo había visto hasta
el momento.

¿Qué hay con los que sufren? ¿Por qué son bienaventurados los que lloran? ¿Será
que hay respuesta a sus interrogantes en la iglesia como comunidad? Siendo así,
la iglesia tiene una misión que supera la predicación de una mística individual
convirtiéndose en una comunidad integradora. Un hospital de desvalidos, una
sociedad preocupada por el bienestar del hombre aquí y ahora.

Creo que existen dos modelos de iglesia; dos caminos: Uno, el que se ha
transitado históricamente, el de la mística, el que usan hoy muchas sectas
evasoras de la realidad. El otro, el que está despertando a las iglesias en la
actualidad, es el camino de asumir la realidad que nos toca vivir dando
respuestas concretas a las demandas de la época.

Es más arduo; es más difícil; pero es sin duda, el camino que Cristo transitó.



NOTAS:

(1) Pedro Palacios, "Almafuerte", No te des por vencido. Editorial Planeta, Bs.
As., 1997.

(2) Fernández, Ana. Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo

(3) La Nación, 5-9-00, pág.19 del cuerpo central.

(4) Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas, Altaya, Barcelona, 1993.

(5) Ibid.

(6) Fromm, Erich, El miedo a la libertad, Buenos Aires, 1974.

(7) Página 12, miércoles 19 de abril de 2000, supl. Especial, pág 3.

(8) Moffat, Alfredo, Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo

(9) Fromm, Erich, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, México, 1971, pág.
286

(10) Saba, Alberto, Psicólogo social, fundador del Frente de Artistas del
Hospital Borda. Citado por él en un debate.

http://www.psicologia-pastoral.com.ar/crisis_actuales.php?subaction=showfull&id=
1193802002&archive=&start_from=&ucat=4